
La tarde, degollada por un sol. En despedida, se tragaba al mar y a la montaña. ¿Recuerdas? era fin de mayo y el océano abrazaba nuestros cuerpos desnudos. En tu piel se estremecía el viento y mis caricias.
La oscuridad circundó aquella estancia natural y la luna también nos amó desde lejos… Gotas de lluvia besaban nuestra humanidad, y yo te abrazaba para formar un sólo cuerpo de dos. Todo el mar era nuestro y nosotros éramos como virutas flotando en la inmensidad, la luna y el cielo, eran cómplices de besos fortuitos… La lluvia en su bravura nos ahuyentaba y obligaba a buscar un refugio de amor, donde nació
una historia que nunca olvidaría. Tus senos se estrellaban en mi pecho, como marsopas alegres, saltando estrellas y tus labios, rémora de mi boca, frescos como fresas, en almíbar y néctar celestiales, dejaban en mi boca el sabor de una noche que aun se encuentra en mi piel y en mi mente y aunque la vida nos llevó por sendas diferentes nunca he podido borrar en mi mente, la tarde.
La tarde que te amé…
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