
Luciendo afligida, la niña estaba agachada en la esquina de la sala del hospital, cerca de una mujer que tenía los brazos vendados. La niña estaba allí para pasar sus vacaciones de la escuela con su mamá. Pero su mamá no era una paciente común y corriente y ésta no era una sala común. Era una obra misionera para tratar a pacientes con la enfermedad de "Hansen".
Durante mi visita allí, fui testigo del impacto de la lepra en los pacientes y sus seres queridos. Pensé en el pasaje en 2º de Reyes 5, y me imaginé cuán desesperado Naamán debió haber estado para ser curado. Cuando escuchó sobre Eliseo, Naamán fue hasta la puerta del profeta, sólo para encontrarse con un mensajero que le dijo que se lavara en el río Jordan. A pesar de su enojo y su desconfianza, Naamán actuó según la dirección del Fabricante que vino a través del profeta, y fue galardonado con un milagro.
Como Naamán, he descubierto que la dirección del Fabricante no parece tener sentido a veces. Pero cuando actúo en fe sobre lo que el Manual dice, sus promesas prueban ser ciertas. Lo que el Fabricante promete sucederá, porque El es fiel.
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