jueves 6 de noviembre de 2008

La Billetera...

Después del funeral de mi padre, me detuve en la casa donde me crié para pasar unos momentos con mi madre. Cuando salía de la casa, mi madre me preguntó si quería alguna de las cosas de mi padre. Le pregunté si podía tomar su vieja billetera. Cuando era niño adoraba buscar en su Taxi en su billetera algunos billetitos. El respirar su olor a cuero y tocarla, sabiendo que mi papá la había tocado, me hacía sentir cerca de él.
Cuando llegué a casa esa noche, busqué en la billetera. En uno de los bolsillos encontré un pedazo de papel viejo doblado, en el cual mi padre había escrito: «Eterno, te confieso mis pecados. Ven a mi corazón y perdóname por todos los pecados que he realizado. Gracias por perdonarme, en el Nombre de Tu Hijo».
A medida que las lágrimas bajaban por mi rostro, escuché la suave voz que sabía que era la voz del Padre Eterno dentro de mí. «Verdaderamente él vive ahora», fueron los susurros en mi corazón. Recordé el pasaje en el Manual: «Ciertamente les aseguro que el que cree tiene vida eterna». En ese momento supe que vería a mi padre nuevamente. ¡Qué hermoso tener la promesa de vida eterna en el Hijo!