
Hace poco falleció un Conocido. En su funeral, su familia y sus amistades hablaron sobre su vida sencilla, pero feliz. Era pobre, pero siempre tuvo albergue, suficiente vestido y alimento. Eso era todo lo que David deseaba. Su ejemplo me hizo considerar cuán renuentes somos a reconocer la diferencia entre lo que necesitamos y lo que deseamos.
El Mashiaj dijo que no debíamos almacenar tesoros en la tierra, porque es allí donde estarán nuestros corazones. Juan escribió que si no compartimos nuestras posesiones, El Fabricante no está en nosotros. David no compartió posesiones porque no tenía muchas. Pero compartió su tiempo al escuchar a otras personas y al ayudar en todo lo que podía.
Muchos de nosotros/as pasamos tiempo buscando entretenimiento, recreación o relajación. No estamos dispuestos/as a dedicar tiempo a ayudar a quienes están solos, enfermos física o espiritualmente,con problemas financieros o en prisión. El Mashiaj no nos pidió compartir el tiempo ni las posesiones que necesitamos; sino lo que sobra entre lo que necesitamos y lo que tenemos. El Mashiaj dijo que si amamos a nuestro prójimo, amamos al Fabricante.
