Que Buena Actitud..





Mientras esperaba en la terminal la salida de mi autobus, entré a la confitería a tomar un café. Apareció una niñita de unos 10 años. Pasó por mi mesa, dejó un chocolate y siguió distribuyendo los paquetitos en las mesas del salón. Cuando terminó, volvió hacia mí. Le pregunté cuánto costaba el chocolate. «Un peso», dijo. «¿Tienes cambio?» .«No, pero deme el billete que yo lo cambiaré». Le entregué confiado el billete.

A los pocos minutos volvió con el vuelto. Dijo vivaz: «¿Vio que volví? Porque yo voy a una escuela cristiana. Y sé que es mejor ser pobre que ladrona». La felicité y le dije que no había dudado de su buen proceder.

En mi corazón pedí la bendición del Fabricante para ella. Me hizo reflexionar acerca del valor de la buena enseñanza. Era tan pequeña, ¡pero con cuánto valor defendió lo que para ella significaba tanto: ser fiel a la enseñanza de esas maestras que tan eficazmente habían sembrado «la buena enseñanza»! ¡Cuánta dignidad había en esa pequeña que tan tempranamente trabajaba en la calle, expuesta a peligros y maldades!