Cuidados..

Mi amiga Lucila estaba enferma con una condición crónica misteriosa que la obligaba a vivir con proteínas líquidas y medicamentos para el dolor. Nuestras conversaciones casi siempre giraban en torno a sus síntomas y mis recomendaciones: «Quizás debes intentar esto, o esto otro...».

Llegó un momento en que no tenía nada que decir; no podía orar más. Lucila no había sanado, y no mejoraba. Quería evitar verla, porque no podía hallar un remedio para su enfermedad. Un día, mientras leía acerca del rey que dijo: «Estuve enfermo y me visitaron», pude ver con nuevos ojos lo que el El esperaba de mí. El rey no dijo: «Estuve enfermo y me sanaron» o «Estuve enfermo, y me dieron todas las respuestas para arreglar la situación». El rey dijo: «me visitaron».
Comprendí que lo que mi amiga necesitaba era mi cuidado. Al cuidar a quien está enfermo; al darle nuestro tiempo, no nuestras soluciones, tocamos el corazón de El. Ministrarle a los enfermos no es sólo cuestión de tener habilidad para resolver problemas u ofrecer consejo. Es sobre todo dejarles saber que no están solos, que el Fabricante cuida de ellos y de nosotros/as.